Entre la escasez y la resistencia: una madre lucha por alimentar y proteger a su familia

La falta de alimentos, una enfermedad neurológica y una vivienda precaria marcan el día a día de una familia en Santo Domingo Este

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Santo Domingo.- La seguridad de contar con tres platos de comida al día no siempre resulta posible para Andrea Rosario y su familia. 

"Si no la consigo tres veces, por lo menos le doy la comida de las doce, y de la comida de las doce dejamos parar en la noche", relata la madre, mientras describe una rutina marcada por la incertidumbre.

La comida llega, en muchos casos, tras recoger objetos en la calle.

"Tengo hierro ahí, ese cuartico tengo alambre de cobre, yo lo quemo para sustentar a mi familia", explica.

La necesidad se impone como motor diario para garantizar lo básico.

    Para Andrea del Rosario, madre de tres hijas con edades entre 20 y 26 años, la angustia crece por una enfermedad que afecta a una de ellas desde su nacimiento.

    "Ella convulsionó cuando tenía tres años, y de ahí me ha vuelto a convulsionar varias veces", cuenta. Andrea relata que, tras realizarle resonancias magnéticas, le informaron que el problema se encuentra en el cerebro.

    La familia llegó a vivir en el dugout de la cancha de béisbol de la comunidad. En el sector La Toronja, en Santo Domingo Este, y con el apoyo de vecinos, fueron trasladadas al espacio que hoy habitan. "El padre me abandonó cuando era tan pequeña, ya usted se puede imaginar lo demás", añade.

    Una vivienda construída en zinc y madera 

    Las dos hijas mayores también son madres. Una tiene una niña de seis años y la otra, una de un año y nueve meses, lo que amplía las responsabilidades dentro del hogar.

    La vivienda actual está construida con zinc y madera vieja. Aunque fue pintada, las condiciones siguen siendo muy precarias. En el lugar se encuentra la bomba de agua del play y, detrás, el panel de control eléctrico.

    "Al no tener escapatoria para poderla mover a ella a un lugar más cómodo, nos dimos la obligación de entrarle aquí", explica Andrea.

    Del Rosario afirma contar con un solar donado, donde sueña con construir una casa. Allí espera seguir luchando junto a sus hijas y sus dos nietas. Mientras tanto, la necesidad se percibe en cada rincón de la vivienda y se siente en la vida cotidiana de esta familia.


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